En mi familia, de herencia,
se ha levantado el incesante capricho
de querer sustentarse por los propios medios.
En casa papá perdió a su madre un jueves de julio.
Hacía frío y el sol no calentaba las manos al frotarlas.
Fuimos a despedir a mi abuela a los crematorios tres días después de muerta.
Desde ahí un fenómeno se ha producido.
Papá llora.
La vieja entró a la clínica con un malestar estomacal.
La pusieron a tomar pastillas y la internaron con un suero
que dilató su corazón ya ensanchado.
La verdadera razón por la cual la vieja había ido al médico.
Ninguno se dio cuenta de eso. Ninguno escuchó que le dolía el corazón.
Se despidió un miércoles de todos sus hijos.
“Voy a estar triste por mucho tiempo”
escribe por donde puede
sobre cualquier servilleta
que queda sucia
después de la cena
papá.
Mi padre es un tipo duro,
como Bruce Willis en Sin City, La Ciudad del Pecado.
Es duro como represa frenando agua.
Llora cuando ya no se puede aguantar.
Se levanta a las 4 de la mañana
para ir a su primer reparto del día.
Pasa por la panadería
a buscar el pan para el reparto doméstico.
Seis días a la semana papá trabaja
para poder materializar la subsistencia.
Al volver a la casa
domestica el uso de sus manos para hacer de comer.
Cría a sus hijos con la carne amansada por sus manos.
Aplasta la carne de los bifes
con un martillo de metal mientras fuma sus Marlboro.
Luego se acuesta para poder reponer las horas de sueño
que quita de su descanso nocturno.
Mi padre sale a la tarde por la ciudad y la traspasa.
En el segundo reparto del día
deja galletas en negocios fuera de la ciudad.
Mi padre es el embrión
de mi furia.
Es el embrión de una casa
titilante sobre las veredas
de un zona fina hecha de iceberg
cerca de las mil frivolidades del Cerro de las Rosas.
Si bien la Núñez no se ve de cerca
los vecinos piensan que están construyendo su riqueza
para acercarse a la avenida.
Nuestros vecinos no nos quieren.
Nuestros vecinos no nos hablan
No se hablan entre sí
No se hablan con la gente común.
Se desconocen y esconden su cara
detrás de la seguridad privada.
Nos miran para el orto tras sus ventanas
porque no pagamos la luz
y tiramos los ganchos.
Nuestros vecinos son de los que no comprenden
lo que es comprometerse al ponerse en el lugar
de otro tipo con más necesidades sin satisfacer.
No saben ponerse en el lugar de un ocupa.
A veces pienso que nunca vamos a salir
de rematar la agonía para llegar a fin de mes.
Eso me consuela:
sé que nunca seré un pequeño burgués.
Veo que algunos piensan
que estas historias no se cuentan
sobre la mesa de lo que creen literario
entonces me afilo las manos
para dejar notas sobre mi cuaderno
acerca de lo acontecido.
Entonces sigo engordando mi cuaderno
para escribir más historias de gente común
que no entra a las fiestas de fin de año
de los grandes eventos que organiza la provincia
en el Sheraton de Duarte Quirós.
De alguna forma nos vamos a meter.
Dice el pollo, Diego Alonso, en Okupas.
Miro la serie
y nueve años después sigue teniendo
la misma contundencia cruda.
Yo le digo lo mismo a papá:
“De alguna forma nos vamos a meter”
Mientras que lo encuentro sumergido en la tristeza
más profunda.
De alguna manera nos vamos a meter,
como sea.
Papá llora por segunda vez en el día
y todos sabemos que esto
es demasiado para Bruce Willis.
Papá llora por segunda vez en su vida.
La primera fue cuando se dio cuenta
de que su hijo podía escribir.
Papá ha aprendido a hacerse más fuerte.
Ha pasado siempre por las enseñanzas de la calle.
Ha pasado por la fe ciega del comerciante no estafador.
Ha perdido a su madre un jueves de julio.
Ahora sabe que después de la primera muerte
queda la segunda por delante.
La consigna sigue siendo la misma,
no perder a sus hijos
mantener alta a su defensa.
Como conclusión nos deja mensajes anotados
en la mañana colgando de la mesa de luz
para largarnos al día:
Hasta que no nos entierren de alguna forma nos vamos a meter.
Papá defiende a sus hijos
para que se queden parados y peleando
sabiendo que falta mucho por hacer.
Defiende a sus hijos
para que se queden a su lado a hacerle compañía
en la agonía de la pérdida
sabe que no quiere más muertes pronto
aunque la vida sea esta,
la misma perra hija de puta
que mata a Bruce Willis lejos de Hollywood.