
El domingo, jugó Huracán.
En el bar la gente se acumulaba tras las cervezas
y el humo de los cigarrillos para ver al equipo de Cappa.
Muchos de los tipos que estábamos ahí
nunca habíamos ido a hinchar por otro club que no fuese el nuestro
muchos de los tipos que estábamos ahí nunca habíamos ido
a hinchar por Huracán.
En algún punto todos estábamos ahí por Cappa.
Huracán era el equipo, Cappa la idea que defender y disfrutar.
Se trataba de eso, disfrutar de la concreción de una idea colectiva.
Ángel Cappa fue técnico campeón con Valdano del Real Madrid de España
en una liga en la que aquel equipo desplegó sobre el campo de juego
una revolución. Lo que podría ser equiparable a ver hoy al Barcelona.
Cappa fue el alumno primogénito de Menotti. Menotti alguna vez dirigió Barcelona.
Para los que no entienden nada de fútbol,
esto, es la defensa de una escuela de pensamiento.
Todos los que estábamos ahí en aquel bar,
estábamos defendiendo lo que pensábamos
como en una revuelta.
Como me dijo mi amigo el Nico
parece que las cosas lindas cuestan más
parece que las ideas grandes están destinadas a perder muchas veces.
Dos derrotas en dos domingos consecutivos
y yo que me salí con el alma desgarbada y amargada del bar
y con la bronca a punto de soltarse junto con el humo del pucho.
En el bar había un solo hincha de Vélez
que estaba con sus hijos
los cuales por supeditación
no respondían a Huracán,
pero los ojos de esos nenes,
los ojos de esos nenes, cómo cambiaban,
se les ponían bien chispeantes del brillo
cuando Pastore y De Federico hacían correr la pelota de gamba a gamba.
El papá gritó el gol de Vélez como en un odio demasiado grande
la alegría la dejó para sus hijos
que reían por un caño del flaquito Pastore – ex jugador de la T -
a un jugador del team de Liniers. Una apilada de Matías De Federico.
Por primera vez vos me acompañaste a ver un partido de fulbo.
Fue hermoso verte hacerme el aguante.
Notaste que me tenso,
que me paro como en la cancha
que fumo dos puchos por segundo
que dirijo el partido; “juegue, juegue”.
Por primera vez me acompañaste
a ver lo que me va en esto.
Entendiste por qué
aquella vez odié tanto a la hinchada rival festejando en la esquina
de Vélez Sarsfield y el bulevar cuando nos fuimos al descenso.
Entendiste por qué odié tanto hace un par de semanas
la casa rosada que está sobre la misma puta esquina
pero de la mano del frente.
En el bar no éramos demasiados
habremos sido 20.
19 de Huracán uno de Vélez
sin contar a los mozos hinchas de la propina
y al dueño del bar de la lluvia con piedras
que alargó la estadía en su condominio
y nosotros juntando las monedas para otra cerveza.
En el bar un domingo
perdimos nuevamente,
esta vez por lo menos teníamos cervezas.
Perdimos, porque ayer,
cuando la hinchada de Vélez crujía
por ese gol de mala muerte
sucio por donde se lo mire
por el botín de Larrivey no sólo hundido en Monzón
sino en todo el corazón de la tribuna popular de Huracán
como una maleza del propio huerto
cuando escondían las pelotas faltando pocos minutos
cuando la gente de la platea baja se encargaba de putear a Huracán
de aplaudir al árbitro por sus fallas
festejaban
porque todo va a seguir como está. Con las mismas consagraciones.
Las mismas consignas, las mismas condenas. Nada nuevo bajo el sol.
Vimos nuevamente a un campeón más del montón.
Masticamos impotencia.
Nadie dirá que este Vélez ha sido el gran equipo de este torneo.
Salvo Fernando Niembro
el “Bambino” Pons
un punto más en esta desgracia.
Las voces de la derecha que se siguen reproduciendo.
Niembro y Pons que morían de la euforia cuando Estados Unidos le ganaba
dos a cero a Brasil en la Copa Confederaciones
por esa cuestión de hacer valer la mezquindad de preservar / conservar.
Hasta Niembro se dio el permisito
de decir entre medio de la baba de Miami
“ese amor propio que tienen los americanos
que vemos en las películas, esa fuerza”.
Otra vez perdimos ante el dinero amor.
Otra vez nos ganó la guita.
Igual vamos a seguir yendo por estas ideas fuertes de un futuro
en el que todos jueguen. O como diría Ángel:
la participación de todos los jugadores durante todo el tiempo.
Todo el mundo participando en la elaboración.
La participación de todos todo el tiempo.
La política es como el fútbol.
Están los planteos conservadores
los futuristas robotizados europeos
los revolucionarios populares
los Cappa, los Cruyff: el fútbol total. El socialismo hecho deporte.
Estos sistemas de juego son los que no abundan. Los que hoy no hay.
Estos sistemas de Gobierno que perdieron el domingo son los que hoy no hay,
los que no abundan.
Cappa dijo del delantero centro “es una referencia, una referencia para los defensores,
yo quiero jugadores que se muevan, que creen espacios,
yo quiero un juego colectivo
en donde la “figura” sea el equipo”.
Por eso tantas veces en este torneo,
decidió llevar a cabo el cambio de Nieto por el Chavista González,
para quitar referencia y proponer estocada final de conjunto.
En un equipo de Cappa hasta el 2 puede atacar.
En un equipo de Cappa todos los jugadores menos uno han hecho al menos un gol.
Un gol con infracción al arquero no me va a hacer cambiar de parecer.
El que propone corre riesgos,
el que espera que las cosas le sucedan
concreta eso que no buscó como un regalo, no como una consecuencia de trabajo.
Así el fútbol como la política.
Como dijo nuestra presidenta parece que acá hay que seguir los manuales
y no tocar nada, no hay que cambiar nada
porque alguno se puede molestar.
Aquella tarde, de domingo también, el día en que perdimos las elecciones legislativas,
Niembro y Pons se encargaban de elogiar las corridas de aquellos
11 yanquis como el camino a seguir;
“cómo corre este equipo, ¡qué equipo, qué equipo!”.
Nosotros sabemos que nuestra manera
ha dejado de ser la presidenciable
ha dejado mucho cuerpo y conseguido poco reconocimiento.
Porque vivimos en un país de hombres errantes.
Nosotros sabemos que Huracán ha dejado todo
y ha conseguido más que un torneo de fulbo que perdió.
En la memoria emotiva
este equipo ya hizo lo suyo. A mis sobrinos
yo les voy a contar de este Huracán de Cappa,
no de este Vélez de cuatro refuerzos de 30 millones.
Nosotros apegados los dos
apostando por el juego
porque los días vengan como este Huracán de domingo
aunque hayamos caído.
Hay pequeños huecos en los días
como brotes nuevos
que nos dan de comer.
Hay detrás de cada idea de estos hombres
una grandeza que no veo en otros lados.
La grandeza viene de la mano de grandes hombres como estos.
El fútbol sigue estando ahí,
en los pies de los tipos que cuidan la pelota.
El domingo Huracán, aunque duela.
El futuro del fútbol está en el pasado, dice Ángel Cappa.
El futuro del mundo está en un gol.
Está cerca de la red del fondo del arco
de donde ataque Huracán.