- CUARTETO BOLCHE -
Le acabé adentro.
Por bronca
por impotencia
por resentimiento,
dentro
bien adentro,
por amor
por lo que nos hicimos
y lo que nos debemos,
porque no pudimos
dejar de querernos.
Porque estoy vencido.
Por nuestro pasado.
Porque soy un filo
que está sin cuchillo,
porque soy el nudo,
la estaca y el grito.
Le acabé adentro,
porque quiero un hijo,
porque la quiero
y porque no la quiero
y porque estoy cansado
y me siento viejo.
Por eso, y por cosas
que olvidar prefiero,
le acabé adentro.
Porque cuando pienso
en mi viejo lloro,
porque cuando pienso
en mi vieja lloro,
porque extrañaba
mi carne en su carne,
y porque estoy solo
y por las mil noches
que antes de acabar
suplicaba
que le acabara dentro.
Por hijo de puta.
Porque cuando pude,
pudo y quería
llenarse de mí,
elevar su vientre
a la categoría
de los nueve meses,
me negaba siempre.
Porque al proponer
las demoliciones,
nunca me pensé
solo y demolido.
Porque no la olvido,
porque hubiera sido
diamante perfecto
muy bien escondido
dentro de la piedra
su hijo y mi hijo,
porque estoy buscando
demorar mi muerte,
porque las palabras
ya no me contienen,
porque quiero verme
en ese que viene,
porque ya no quiero
soñarme
de niño y anciano
que se encuentran siempre
y nunca – nada - dicen,
porque cuando hablamos
de llegar a viejos
ella estaba sola
y yo estaba muerto.
Porque hubiera sido
algo hermoso y bueno
que una parte suya
me acompañe siempre.
Bien adentro y mucho,
como una sucesión
de puñales secos.
Porque estoy enfermo
del mundo y su fuego
que me cuece lento
el amor y el odio,
y este pensamiento
que lame mi semen,
mi calva y mis huesos:
¿ cómo hubiera sido su hijo y mi hijo ?
¿ cómo hubiera sido ?
Cuando éramos niños,
había una extraña casa.
Siempre tenía las persianas bajas
y nunca oíamos voces adentro.
El patio estaba lleno de bambú
y nos gustaba jugar en el bambú.
Jugábamos a ser Tarzán
aunque no había ninguna Jane.
Y había un estanque
de peces
grande
lleno de
los peces
más gordos que hubiéramos visto
y eran mansos.
Venían a la superficie del agua
y comían trozos de pan de nuestra mano.
Nuestros padres nos habían dicho:
Nunca se acerquen a esa casa,
así que, por supuesto, íbamos,
y nos preguntábamos si alguien vivía allí.
Pasaban semanas
y nunca veíamos a nadie.
Y un día oímos una voz
desde la casa.
¡Maldita puta!
Era la voz de un hombre.
Entonces se abrió
la tela mosquitera de la puerta
y el hombre salió.
Llevaba
una botella de Whisky
en su mano derecha.
Tenía unos treinta años.
Un cigarro
colgaba de su boca
y necesitaba
afeitarse.
Su pelo estaba
salvajemente revuelto
y andaba
descalzo
en camisa
y pantalones.
Pero sus ojos
eran brillantes.
Encandilaban con su brillo.
Y nos dijo: “hey caballeritos,
espero que estén
pasando un buen rato”.
Entonces se río
y volvió a la casa.
Nosotros nos fuimos de vuelta
al patio de mis padres
y pensamos sobre eso.
Nuestros padres,
decidimos,
nos querían alejar
de ahí
porque no querían
que viéramos a un hombre
como ese, un hombre
fuerte y natural,
con
los
ojos
hermosos.
A nuestros padres les daba vergüenza
no ser como ése hombre
por eso nos querían alejar de ahí.
Pero
volvimos
a aquella casa,
y al bambú
y a los mansos
peces.
Volvimos muchas tardes
durante muchas
semanas
pero nunca
vimos
ni oímos
al hombre
de nuevo.
Las persianas estaban
bajas
como siempre
y estaba en silencio.
Entonces, un día,
mientras volvíamos
de la escuela
vimos la casa.
Se había incendiado
no quedaba nada.
Sólo unos cimientos negros,
chamuscados y retorcidos.
Y fuimos al estanque
y no había agua
Y los peces gordos
y naranjas
estaban muertos ahí,
secándose.
Volvimos al patio de mis padres
y hablamos sobre eso.
Y decidimos que
nuestros padres habían
quemado la casa,
y habían matado
a los peces
porque
todo era tan hermoso,
hasta el bosque
de bambú habían
quemado.
Habían tenido miedo
del hombre de los ojos hermosos.
Y nosotros tuvimos miedo,
entonces,
de que a lo largo de nuestras
vidas
cosas como esa
sucederían.
Que nadie quisiera
que otro
sea
fuerte y
hermoso,
que nunca lo permitirían,
y que
mucha gente
tendría
que morir.
Salgo del trabajo. Los huesos, el cuerpo entero
dulcemente dolorido, como -a veces-
después de un polvo de los buenos.
La luna, sajada en dos pedazos, me recuerda
el ojo ese famoso de Buñuel,
asomada un tanto tenebrosamente
por encima de los árboles.
El coche no me arranca. El parabrisas
es una roca enorme y congelada.
Así que vuelvo a casa andando,
velado el claqueteo de mis pasos
por la luna, la cabeza
llena de café caliente y cigarrillos.
Llego al portal y me detengo,
soplándome en las manos, bajo
el arco de luz que proyecta la ventana
sobre el hielo, la hierba sucia y abrasada.
Y al otro lado de esa luz te encuentras tú.
Y es que un hombre necesita en esta vida
otras cosas que no sean
lunas surrealistas, coches, oscuras
películas de Luis Buñuel.
8 POEMAS EN FORMA DE ARTEFACTO
1. Sofisma
Y ahora
que estás
en España
que como
ya sabrás
es un país
en el que impera
el Estado
de Derecho
nunca olvides
que tu libertad
termina
donde empieza
la libertad
de los demás
le dijo
el funcionario
del Ministerio
del Interior
al inmigrante
magrebí.
* * *
2. Derecho
Tienes derecho
a expresar
libremente
todo aquello
que te esté permitido decir.
* * *
3. Payaso
Al terrorismo
se le llama
convivencia
si lo ejerce
un payaso
uniformado
con apoyo
de la grey.
* * *
4. Moscas
Los demócratas
han aprendido
de las moscas:
cuanto mayor
sea el tamaño
de la mierda
tanto más grande
es el consenso.
* * *
5. Periodismo
Lanza la mierda
y lávate las manos.
* * *
6. El poder de la palabra
Usté no sabe
con quién
se está metiendo
dijo el borracho
en la
comisaría.
Porque soy
poeta
y fui tocado
por los dioses
con el poder
de la palabra.
Y le partieron
la otra ceja
antes de darle
por el culo
con su propia
estilográfica.
* * *
7. Racismo
No hay color
que no se doblegue
al del dinero.
* * *
8. Compromiso
-¿Eres político, Lou?
-¿Político? ¿Con respecto a qué? Dame un tema.
te daré un pañuelo, y me limpias el culo con él...
Lou Reed, "Take no Prisoners"
Hay escritores
que se empeñan
en que los libros
siempre están
en otra parte.
Somalia
Nicaragua
Mongolia
Pernambuco
Sarajevo
qué más da.
Y si te paras
a pensarlo
tiene gracia
porque al final
aciertan
sin saberlo:
cualquier
jodida parte
menos donde ellos
estén.
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