Tengo un pacto de sangre con mi pueblo
Pablo Neruda
Mi tiempo
De cajón, la literatura,
ha de ser un pacto con mi pueblo.
Cuando se escribe, el resto no importa.
Se prioriza el pacto.
El primer acuerdo es romper con todo
lo que no forme un pacto de sangre con mi pueblo.
La literatura ha de ser
como un jugador amateur que corra cualquier suerte sin garantía
transpirando las manos por sentir el sudor del comienzo
el riesgo de no saber que hay atrás del tiempo del fin de juego.
Si la consagración o la derrota.
La literatura ha de ser como un hombre cualquiera
para tocar la sangre de la gente común.
Ha de ser de boxeo, de la bollacera diaria, de resistir los golpes,
de swing, de jab, de hook, de cross, de combate,
de ritmo, de tun, tun, de golpe, de violencia, cotidiana,
de descanso… de respiro, de salir de la lona, de amor,
de mucho amor de terreno,
de mucho de lo que se olvida
cuando se necesita que las cosas salgan del pozo,
de mucha postura de una integridad salvaje
que se devore a los represores
para volar las cabezas fascistas con furia
de los que desaparecieron a Jorge Julio López.
La literatura ha de ser como la cara de boxeadores
resistiendo los golpes de un Dios invencible.
La literatura ha de ser
como el cañón de un tipo
sobre la cabeza de otro
de vida o muerte
de riesgo
ha de ser como el chumbo
de un tipo sobre el lomo de otro
como el fierro de un tipo
que sale a la calle
y apunta a otro
porque está por volver a casa
sin nada que llenar a su rancho
en el regreso.
La literatura ha de ser de regreso,
de mucha vuelta constante a la salida
para no perder los pasos de donde empezó
lo que te viene sosteniendo.
La literatura ha de ser como el hambre de no poder morfar.
Como los lobos de Siberia en el desierto en busca de un camello.
La literatura ha de ser como el ataque
de las bestias a los animales que se llevaron gente
y la tiraron desde la punta del cielo
desde aviones sin paracaídas al suelo del mar.
La literatura
ha de ser la fuerza
de coger con quien más se tiene ganas,
de plantarse para saber donde se para entre tanta paranoia,
la fuerza de parir hijos con las piernas abiertas y sangradas
la fuerza de ser fuertes
para volarse la tapa del pecho con lo que todavía
todos se cagan por dejarse sentir. Escribir.
La literatura ha de ser como nosotros
como yo que estoy violento
por querer lograr algo concreto
entremedio de tanta parafernalia discursiva.
La literatura
ha de ser un proyecto político
debe enmarcarse en cada región donde la gente
necesite resistencia,
necesite revertir sentido,
necesite hacerse escuchar,
necesite alegrarse del sonido
de producir sus propios versos
que no chamuyan sobre la puta realidad.
La literatura ha de ser
como la Nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual
parte del proyecto
de este Gobierno Nacional.
La literatura
ha de ser cosa
de aferrarse a la idea clara
de acortar la distancia
entre los pocos becados y los muchos vedados de esta sociedad.
Ha de cortar la soja. El monocultivo.
Debe maltratar tanto la tranquilidad
de los becados de los nenes bien
hincharle tanto las pelotas de la existencia
que sus deseos sean quemarnos lo que escribimos,
quemar nuestra futura producción de libros para sus hijos.
¿Qué pasa que no nos quieren quemar lo que escribimos?
Ahora somos brotes nuevos en una huerta,
estamos en la sombra esperando crecer
ocultando el pudor
a base de arrojarnos mañana al precipicio.
Mientras tanto ellos nos esperan de antemano
como en la entrada de un túnel por donde pasa un tractor de fuego
para cuando queramos desenterrarnos.
La literatura debe ser sobre todo de hacer
de ser muy poquito
de mostrar mucho los dientes en las acciones
debe ser de pecho / un hecho.
Una sucesión de la gente pidiendo
saciar el hambre como en los cuadros de Berni.
La literatura
debe pegarse al fuego de una nueva racha
de escritores reales defendiendo La Casa de la Moneda
el día que fusilaron a Allende en Chile.
La literatura debe tratar a los animales represores
como bestias.
Contra los animales como bestias.
Con condena efectiva y sin perdón.
La literatura no puede envejecer
debe servir para perforar el futuro y quedársele adentro.
Debe ser la ficción para la revolución.
Cuando la literatura no es riesgo,
mientras afuera está todo lleno de hijos de puta
que desatan sus miserables acciones de mierda
contra todos nosotros para cagarnos la vida,
algo mal estamos haciendo.
La literatura,
la integridad para no entregarse,
el oficio del que no se hace la guita,
que no se hace para la guita,
si para la subsistencia,
el oficio que se hace como el hambre por hambre,
se hace sin proponerse la guita.
Si la mosca llega,
se acepta,
no se rechaza,
porque primero se hizo todo lo que se tenía que hacer sin ofertarse,
como un periodista entregado
escribiendo para la puta Voz del Interior.
Diario de mierda del monopolio mediático.
La literatura deber ser algo que pese en el afuera
y moleste hasta que cambie la coyuntura,
hasta que cambie las relaciones
entre los amoríos y los destrozos
hasta que foguee el ritmo
de los cercos por los que no aprendimos a pasar.
La literatura
en cada verso
en cada prosa
en cada línea
debe acercarse a tocar el cuerpo
de quien todavía no ha recibido una caricia
por estar en situación de calle.
El cuerpo de los primeros hombres
muertos por mártires
es un texto perfecto de la literatura.
La literatura de los heridos que no entran al hospital
La literatura de los borregos que dejan de existir y no pegaron el grito a tiempo
La literatura de las mujeres que no se han hecho del género de odiar a los hombres
La literatura de “las palabras no son más importantes que entender
que detrás de cada uno de nosotros, por delante,
hay otro tipo, la mujer, que espera que nos demos cuenta de eso,
que detrás hay otro tipo, una mujer,
con las mismas imploraciones que nosotros”.
La literatura del peso de llevar a la vida toda ficción
de un imaginario de una bestia salvaje agitada que reaccione
cansada de respirar profundo
para no comenzar a comer a todos los putos
que del violento oficio
han hecho una oficina
con jurados y premiaciones burguesas
y sueldos de fin de mes más horas extras
del mantenimiento del status quo.
La literatura no es mantenerse estable brillando entre un circulo
que no cabe más que en otro circulo más pequeño.
La literatura es empezar de cero a cada rato
sabiendo que detrás hay miles de rayas de libros escritos
llenadas para seguir con mucha fuerza
con la tarea
de contagiar al mundo de lucha
y alegría, mucha alegría popular
para no entristecerse en la prioridad de talar lo viejo
para ver un paisaje nuevo
con todo el pueblo en las espaldas
y yo por las espaldas del pueblo
para defenderlo contra cualquier idiota.
Mi tiempo es la literatura.
Ninguna ficción más verosímil que dejarse vencer.
Cierta lucha a la calle
en la organización Nacional y social de la distribución
equitativa de libros de los buenos.
Eso es la literatura,
vivir para ejercer el derecho
de la imprenta revolucionaria.